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Impacts économiques, sociaux et environnementaux de l’éthanol

Une perspective brésilienne par Horacio Martins de Carvalho

mercredi 15 août 2007, par PAPDA

Le Bureau Exécutif de la PAPDA vous invite à lire cet excellent texte de Horacio Martins de Carvalho publié par ALAI qui fournit de précieuses informations et des pistes d’analyse sur les impacts mutiples de la production des agrocarburants au Brésil notamment à partir de la culture de la canne à sucre. Cet article permet aussi une analyse des enjeux des agrocombustibles, de la matrice énergétique et des modèles de consommation mis en place par diverses sociétés à partir d’une analyse prospective de la question à partir de l’offre énergétique interne (OIE).

La expansión de la oferta del etanol Horacio Martins de Carvalho


1. Preliminares

El patrón de crecimiento económico establecido en la sociedad capitalista contemporánea reposa, en particular en esta fase de afirmación global y hegemónica de las ideas y prácticas neoliberales, en las megaempresas capitalistas multinacionales, aunque éstas tengan orígenes nacionales bien definidos.

Es, ante todo, un patrón económico que tiene como referencia la concepción del mundo en la cual la orientación del desarrollo y del gobierno de las sociedades nacionales debe desarrollarse cada día más bajo el imperio de una nación-red (imperio de EE UU y de los países industrializados que le son orgánicos en la dominación mundial) y de un grupo restringido de las megaempresas multinacionales, las cuales definen la naturaleza y la forma del desarrollo económico y del progreso técnico.

Esta racionalidad capitalista contemporánea, que viene siendo construida desde hace varias décadas, determinó y determina la forma cómo se da o se dará la industrialización y, en una relación de causa y efecto, la composición de la matriz energética mundial.

Diversos factores han determinado la dependencia mundial de la fuente energética no renovable basada en el petróleo tras el final del siglo XIX. EL principal, quizás, haya sido la diversidad de usos que el petróleo proporcionó con el sistemático avance de las ciencias y de las tecnologías aplicadas para su utilización desde el inicio de su extracción comercial (1859). Sin embargo, fue con el advenimiento de la industria automovilística y la aviación, así como de las guerras, que el petróleo se volvió el principal producto estratégico del mundo moderno. Las mayores 100 empresas del siglo XX estaban relacionadas con el automóvil o el petróleo[1].

En 2004, la OIE (Oferta Interna de Energía) en el mundo fue de 86,7% de energía de fuentes no renovables y 13,2% de fuentes renovables. En la OCDE[2], en ese año, la OIE fue de 93,9% de energía de fuentes no renovables y de 6,1% de fuentes renovables. Y el petróleo respondió, en 2004, por el 34% de toda la oferta de energía generada en el mundo, siendo que en la matriz energética brasileña le correspondió el 37,9% de la OIE en 2006.

Según el gobierno de EE UU se prevé que el consumo mundial de energía aumentará en un 71% entre 2003 y 2030, y la mayor parte de este aumento tendrá como fuente una mayor demanda de petróleo, hulla y gas natural. Se estima que, para el final de ese periodo (2030), toda la energía renovable (incluidos los agrocombustibles) será un 9% del consumo mundial de energía. En ese sentido, es relativo y peligroso considerar como cierto el supuesto de que los agrocombustibles tendrán un papel importante en la lucha contra el calentamiento global[3].

La política global de créditos de carbono evidencia que la intención de los países más industrializados es la de mantener el patrón económico históricamente establecido en su industrialización, incluso con los esfuerzos por mejorar su producción energética. Eso quiere decir que la pretensión de los gobiernos de esos países es una reducción mínima de la emisión de gases de efecto invernadero (GEE), en un nivel apenas necesario para que sirva de base para su ideología de seudo participación en el control y reducción del calentamiento global. A la vez, esos países amplían los procesos de traspaso de sus industrias electrointensivas y ambientalmente contaminantes del medio ambiente a los países denominados en vías de desarrollo.

La matriz energética brasileña presenta una composición más dependiente del petróleo (37,9% en 2006) que la matriz mundial (34% en 2004), sin embargo menos dependiente del carbón mineral (Brasil 6,0% en 2006 y la mundial de 25,1% en 2004) y del gas natural (Brasil 9,6% en 2006 y la mundial 20,9% en 2004). En el caso brasileño, las fuentes renovables de energía tienen un porcentaje relativamente alto.

En 2006, la OIE en Brasil fue de 55,1% de energía no renovable y 44,9% de fuentes renovables. La composición de la matriz energética brasileña en 2006, por fuente de OIE, fue :

- no renovable : petróleo con 37,9% ; gas natural 9,6% ; carbón mineral 6,0% ; uranio 1,6%
- renovable : energía hidráulica 14,8% ; productos de la caña de azúcar 14,6% ; leña 12,4% y otras fuentes 3,0%.

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